A flor de piel

El amor no es obsesión

Es loco cómo el amor, o eso que pensamos que es amor, puede distorsionarse tanto y convertirse en algo horrendo. Yo pensaba que eso que sentía por vos era amor, hasta que mucho tiempo después me di cuenta que era otra cosa. A veces uno se convence de cosas que no son y se vuelve un poco ciego. Yo pensaba que te amaba, estaba segura de eso, pero la verdad es que hacía rato algo se había muerto entre nosotros y ni siquiera yo me animaba a reconocerlo.

Hacía rato te habías ido y no lo podía entender. Y uno se enajena, por incomprensión, como yo me enajené con vos. Porque lidiar con la pérdida es brutal. Ahora sé, años más tarde y bastante más fortalecida, que eso que me pasó tal vez era parte del duelo, de muchos otros duelos. Estaba negada a que te fueras y no porque te amara de verdad. De hecho, creo que eso que tuvimos nunca fue del todo amor.

Tal vez fue un enamoramiento y después se convirtió en algo distinto. Y no digo que seas plenamente vos el responsable. De alguna manera creo que yo me volví un poco obsesiva y de la peor forma. Y esa fue mi responsabilidad, por no saber decir “¿sabés qué? hasta acá llegó, se terminó”.

Miraba el celular a cada rato para ver tu última hora de conexión y a veces no podía contenerme y te escribía un mensaje pidiéndote de vernos. Y a veces vos accedías y pasaba lo peor que podía pasar. Nos veíamos, estábamos juntos y cuando te ibas yo sentía que el mundo se desmoronaba otra vez. No lo podía controlar. Ahora me pregunto, ¿cuándo es que el amor, o eso que sentimos, se convierte en apego, en algo distorsionado y obsesivo, en algo horrendo y sucio?

Yo no pude ver las señales. Estaba tan enceguecida mirando si me clavabas el visto o no, viendo tus redes sociales como si todo lo que hicieras fuera importante… y si publicabas o no una foto en Instagram o si eliminabas las que teníamos juntos. Todo autodestructivo, porque cuando uno se obsesiona con el otro se pierde y se olvida de uno mismo. Y yo me olvidé completamente de mí.

Hubo un día en el que viniste y como ya era un poco tarde te pregunté si querías quedarte a dormir. No era porque fuera de verdad tarde, yo quería que te quedaras para agarrar ese último pedacito de tiempo que nos quedaba porque sabía que podía ser el último. Uno es consciente cuando todo está por terminarse y se resiste siempre un poco más a que llegue el final. Yo también lo hice.

“Quedate y mañana te vas, son las tres de la mañana”, te dije. Solamente había un colchón, porque la cama de dos plazas en la que dormíamos juntos en el departamento que alquilábamos ya se había vendido. “¿Pero vos, ¿dónde vas a dormir?”, me dijiste, sin ninguna duda de que si te quedabas pensabas dormir en el colchón. “Yo tiro una colcha al lado tuyo, no te preocupes”, le respondí, sin ninguna pizca de amor propio. Y así fue.

Dormiste en el colchón y yo en una colcha gamuzada roja al lado tuyo, aunque a la hora me pasé con vos y dormimos entrelazados. Después de eso nunca más te volví a ver. Cuando le conté a una amiga lo que había pasado no podía entender cómo había caído tan bajo para permitir algo así.

Me sentí muy mal por mucho tiempo, humillada y una basura por haberlo permitido. De haberme creído tan poco para decirte “dale, dormí en el colchón”. Todavía no sé qué me pasó por la cabeza esa noche para aceptar dormir en una frazada, en lugar de decirte “andate bien a la mierda”.

Supongo que estaba demasiado enajenada de mí misma, demasiado obsesionada con vos, con una falsa idea del amor, para poder verlo. Porque eso que teníamos hacía rato se había desvanecido por completo y era solamente cuestión de abrir los ojos.

Creo que con los años me pude perdonar por lo que pasó. Y fui yo la responsable, de eso no te culpo. Porque cuando uno decide irse, se va, aunque el otro se resista y le duela demasiado. Ahora sé, sin embargo, una cosa: que, gracias a vos, gracias a todo lo que vino después, entendí que lo que sentía no era amor, era quizás otra cosa, porque el amor nunca es obsesión.

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mfgagliardi

Estudié la Licenciatura en Comunicación Periodística en la Universidad Católica Argentina. En tercer año de la carrera empecé una pasantía en el diario La Nación que me permitió conocer el mundo del periodismo gráfico por dentro y adquirir nuevas herramientas para la producción y edición de noticias en el sitio digital lanacion.com.ar.

A los 24 años ingresé como redactora y editora del portal económico iProfesional, donde realicé producciones de notas vinculadas a temas económicos y políticos. Allí trabajé durante un año y luego me convocaron como redactora digital del canal de televisión de noticias Telefe, donde me desempeñé desde el 2015 hasta marzo de 2020 como redactora en la página www.telefenoticias.com.ar.

En el 2016 hice una especialización en Periodismo Narrativo en la Fundación Tomás Eloy Martínez, a cargo de la cronista Leila Guerriero y en el 2018 participé como adjunta de cátedra de la materia "Técnicas de Redacción para Medios Digitales", en la Escuela de Comunicación ETER.

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