subte

“Pican pero no muerden”. La frase la pronuncia un señor alto de pantalón de jean clarito y campera de cuero gastada que sube en una estación de la línea de subte “E” para vender unos pega-pega. “Trepan pero no roban”, dice después con la seguridad que caracteriza a todo buen vendedor, mientras suelta algún que otro chiste. Camina unos pasos y estira las pegatinas. Las pega en el techo. Y las despega. La gente lo mira. En uno de los bancos de madera antigua hay una señora y un nene chiquito que juega. En otro un joven de piel morena vestido con una chaqueta oscura y una camisa que lleva un alzacuello. Es sacerdote. Al frente un hombre un poco más grande de pelo rubio viste una túnica negra y alza una biblia. Concentra los ojos en la biblia. Mientras tanto el vendedor habla. Y empieza a contar su historia.

“Vengo a pedir sangre, mi hijo está en el Hospital del Quemado”. Su hijo, dice, tiene 25 años y se quemó en su casa mientras trabajaba. Se quemó, dice, el 8 de octubre. El hombre cuenta que hace tres días tuvieron que quitarle parte de la piel de sus piernas para injertarla en sus brazos porque tiene el cuerpo quemado. Muy quemado. “No vengo a pedir plata, vengo a pedir sangre. Mi hijo está en el Hospital del Quemado”. El hombre hace énfasis en el número, en Pedro Goyena 369, en el barrio de Caballito, para que los que ahora miran y escuchan se acuerden. Se acuerden que su hijo está quemado y necesita sangre. “Ayer lo iban a ingresar al quirófano, pero no ingresó. Agradecemos porque cada día es una batalla ganada”, dice después. Así como puede. Así como le sale. “Puedo trabajar, pero no tengo sangre”.

El hombre mira al centro, con los ojos medio vidriosos, perdidos en algún punto del vagón. Un chico de camisa azul se acerca y le compra pegatinas. Después pregunta el nombre de su hijo. “Está en el Hospital del Quemado”, repite sin balbucear. “Se llama Jesús, lo podés encontrar en Facebook”. El vendedor camina. Se abren las puertas del subte y en un lapso de segundos del vagón e ingresa al siguiente que lo llevará hasta la estación Independencia. Lleva sus pega-pega o pegatinas. Aunque en realidad lo que quiere es contar su historia. La historia del hombre que pide sangre. Sangre para que su hijo pueda vivir.

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