Nisman+ Por Florencia Gagliardi | @mfgagliardi

Una mujer de 87 años se lleva la mano al pecho y la estrecha con fuerza a la altura del corazón.  Después empieza a cantar las estrofas del himno nacional. “¡Oíd, mortales! el grito sagrado: ¡libertad!, ¡libertad!, ¡libertad!”. En cada palabra que repite lo hace de nuevo, con toda la entrega que su cuerpo longevo le permite. Una adolescente no logra contener las lágrimas y llora. Suave, pero llora. Las gotas resbalan por su mejilla y tejen dos surcos en su rostro. Mira al suelo con algo de timidez, con algo de incomprensión, y vuelve los ojos al frente para entonar los versos que siguen: “Sean eternos los laureles…”.

Son más de ocho de la noche y la plaza está abarrotada de gente. Incluso hay personas concentradas en los laterales de las calles Roque Sáenz Peña y Julio A. Roca. Algunos llevan pancartas, otros, remeras estampadas y no faltan los que están cubiertos por banderas argentinas. En todos hay una leyenda dibujada al pulso del desconcierto que dice lo siguiente: “Todos somos Nisman”, en alusión al fiscal de la causa AMIA encontrado muerto en su departamento un día antes de declarar y ampliar su denuncia contra el Gobierno acusado de negociar un pacto con Irán y tapar el atentado. IMG_20150122_170308 Hasta las seis y media de la tarde sólo se oía el repiqueteo de zapatos al cruce rápido del microcentro. Pero dos horas después lo que se escucha son las voces de la disconformidad, atravesadas por el crujir de alguna que otra cacerola. Como una bandada de gaviotas que vuela en una misma dirección, la mayoría se mueve por impulso. Algunos dicen que es por “dignidad”, otros que es por “patria”, todos dicen que es para pedir “justicia”. Marcha #19E La plaza que hasta hace unas horas estaba vacía, ahora se tiñe por el sinsabor de la queja y el reclamo. Hay un vallado custodiado por la Policía –a solo metros de la Casa Rosada– que a nadie le agrada. Hay también una multitud de personas, que al grito de “hijos de puta” o “asesina” aplauden y agitan los cercados de metal. Por un momento el clima se vuelve más tenso, hasta que alguien sale de entre la multitud y suelta la frase mágica que logra calmar  los decibeles del  ánimo popular: “No vinimos a hacer disturbios, somos gente civilizada, seamos inteligentes”. Una señora de no más de 50 años reprocha a viva voz que la bandera no esté a media asta y en un relámpago de verborragia, acusa a Cristina Kirchner por la muerte del fiscal. “Fue ella quien lo mandó a matar”, dice enardecida. “Qué estamos esperando, esto es vergonzoso, este gobierno no tiene techo, puede hacer lo que se les antoje”, sostiene otra mujer, mientras hace sonar su cacerola. La mujer, de 68 años, dice que protesta por sus nietos. “Vengo por ellos, qué clase de país les estoy dejando”, suelta en una frase de desasosiego. Niman7 La gente –que se autoconvocó a través de las redes sociales– está dispersa a lo largo y ancho de la plaza, una vez más foco de protestas populares. Algunos se acercaron con su familia, otros con amigos, y hasta están los que decidieron asistir en soledad. “Justicia por Nisman. Que la verdad salga a la luz. Basta de mafia”, reza una pancarta con letras pintadas en rojo y negro. Al lado, otro cartel apela al Vaticano: “Papa Francisco rezá por nosotros. Por una Argentina en paz”. Nisman3 Es la primera vez que Carlos participa de una marcha. Y lo hace motivado por el mismo descontento que el resto de los que están apostados en la plaza. “Estamos cansados de esto, el pueblo no aguanta más”, expresa con cierta decepción. “Esto puede llegar a ser un antes y un después para que algo cambie en la Argentina”, se entusiasma luego. La consigna se hace fuerte en cada cartel que lleva estampado el nombre del fiscal, que el mismo lunes iba extender su denuncia contra Cristina Kirchner, el canciller Héctor Timerman, y otros dirigentes del oficialismo por “encubrimiento” a Irán en el atentado, pero -por alguna razón- nunca llegó. Fue encontrado muerto en el baño de su departamento en el edificio Le Parc, de Puerto Madero, de un tiro en la sien, en un escenario en el que hasta ahora hay más dudas que certezas. nisman6 Algunas miradas reflejan confusión. Otras buscan complicidad. “¿Qué va a pasar con la denuncia ahora que Nisman está muerto?”, le dice una chica a otra. Los canticos son variados y se mezclan con pedidos. Primero exigen la renuncia de la Procuradora General de la Nación, Alejandra Gils Carbó. Luego, la de la Presidenta. “Vinimos para tener una República, esto es una dictadura”, dice Sandra, acompañada de una amiga que se sumó a la manifestación ni bien se enteró de lo que había ocurrido.         IMG_20150122_123450 El fervor popular se hace sentir. Cae la tarde, pero la gente sigue llegando.Oh le le, oh la la, si este no es el pueblo, el pueblo dónde está”, tararean algunos, agrupados alrededor del casco histórico. Al lado, tres mujeres mayores, hablan en voz baja. Una dice que sintió la necesidad de acercarse a la plaza por “indignación”. Otra comenta que siente “tristeza”. “Es una vergüenza que como país nos veamos envueltos en esto y es un gran dolor para los que nos consideramos argentinos, porque la patria es dignidad para vivir”, se lamenta. nisman4

La conmoción hace encender de nuevo la chispa del descontento y la potencia a otros puntos del país, donde se multiplican las marchas. Mientras tanto se hacen más fuertes los interrogantes sobre el trágico final del hombre que más atención había concentrado durante las últimas semanas. ¿Por qué habría de quitarse la vida justo horas antes de declarar? ¿Por qué nadie escuchó el disparo? ¿Por qué, con diez custodios a sus espaldas nadie puedo hacer nada para resguardarlo? Por qué, por qué y por qué.  

La mujer de 87 años levanta la vista y mira al frente. “Vine por Nisman y por la patria”, dice con la voz entrecortada. De repente todo se vuelve silencio. Alguien enciende un parlante y sube el volumen. Por un instante la mujer cierra los ojos. Después yergue su rostro lo más alto que puede, como si quisiera dar señal de orgullo, como si quisiera dar señal de decepción. Lo hace con firmeza, con toda la entrega que su cuerpo longevo le permite. Después lleva su mano al pecho y la estrecha con fuerza a la altura del corazón. Y canta -mientras la multitud se funde en aplausos y emoción- las estrofas del himno nacional argentino. Por Florencia Gagliardi | Narratinta | narratinta@gmail.com

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