En una libreta de tapa dura y hojas rayadas hay un nombre y un teléfono. En una de las primeras páginas aparece escrita una dirección, un barrio y cuatro líneas de colectivo. Me acuerdo que eran cerca de las 12 del mediodía del mes de mayo de 2015.  Una amiga me dijo que podía llamarlo, que no iba a perder nada, porque a ella la había ayudado y que a mí podía ayudarme. Así que llamé y dije esto: “Hola, me llamo Florencia, cuándo podríamos tener una sesión”. Al otro lado del teléfono la voz se escuchaba suave. Después de preguntarme mi nombre y anotar mi teléfono, acordamos un lugar y hora. Y así empezó todo.

Leer más