Juan Cabandié: “Éramos como un botín de guerra”

Juan Cabandié: “Éramos como un botín de guerra”

Es un viernes caluroso de octubre. Las calles céntricas atardecen transitadas por un sinfín de personas que en un instante fugaz desaparecen. A pocas cuadras se encuentra la Plaza de Mayo, principal puntapié de la vida histórica y política del país. A 35 años de un pasado no tan lejano están los que todavía esperan ser encontrados. Se trata de una generación entera de niños y bebés despojados de aquello que les era propio y otros ignoraron por completo: su identidad.

Juan Cabandié, el nieto recuperado Nº 77 , fue uno de ellos hasta que en el año 2004, a raíz de varias sospechas, se acercó a Abuelas de Plaza de Mayo para averiguar aquello que tanto ansiaba saber: ¿era o no hijo de desaparecidos?

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Pintadas políticas, las historias detrás del cacerolazo

Pintadas políticas, las historias detrás del cacerolazo

Manifestantes anónimos relatan cómo se expresan a través de esténciles con consignas variadas en toda la ciudad; las redes sociales los unen en la lucha por una causa en común

A las doce de la noche de un día viernes, cuatro horas después de atender a su último paciente, una doctora sale de su consultorio y con lo último que le queda de voluntad, se encuentra con otra mujer en el barrio de Caballito. Ambas llevan consigo dos bolsas con aerosoles, guantes y radiografías recortadas con distintas consignas. Una vez juntas, caminan algunas cuadras y se detienen en una esquina. Ya apostadas allí, advierten que no haya gente al pasar y en cuestión de segundos estampan sobre una rampa peatonal un esténcil que dice: “El 18 de abril a la plaza, basta”.

Mientras pintan, hablan de su vida. Julieta, la doctora, que se resguarda con unos guantes para no ensuciarse, dice que hay días en los que sale a las cinco de la mañana para pintar, antes de ir al hospital. En el cruce de una avenida, una joven de no más de veinte años consulta desorientada adónde queda una calle. Mónica, la otra mujer, esconde su mano, en la que sostiene un aerosol y amablemente contesta la pregunta. De a ratos circula alguna persona y sólo por momentos el tránsito se vuelve más acaudalado. “Esto es una forma de expresarse, de hacer algo -dice con la mirada encendida- de no quedarse con los brazos cruzados”.

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