“Levanté los huesos de mis padres y los traje en el auto”

“Levanté los huesos de mis padres y los traje en el auto”

No sé en qué momento escuché la palabra “huesos”. Sé, en cambio, que la frase que siguió me sorprendió. “Levanté los huesos de mis padres y los traje acá en el auto”, dijo, señalando el asiento derecho, en un estado de serenidad y la mirada puesta en el espejo retrovisor. Los ojos café oscuros, el pelo gris, la voz suave. Lo dijo calmo, sin inmutarse en absoluto. Como si juntar los huesos de los muertos fuese algo de todos los días, como si se tratara de algo natural. En ese momento hilvané de nuevo la frase. La palabra “huesos” y después el resto de la oración.

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Arbitraria, por Leila Guerriero

Arbitraria, por Leila Guerriero

¿Claves para escribir? Reacia a dar consejos, la autora hace una excepción y se arriesga a soltar esta caprichosa lista.

No tienen por qué saberlo: soy periodista y, a veces, otros periodistas me llaman para conversar. Y, a veces, me preguntan si podría dar algún consejo para colegas que recién empiezan. Y yo, cada vez, me siento tentada de citar la primera frase de un relato de la escritora estadounidense Lorrie Moore, llamado “Cómo convertirse en escritora”, incluido en su libro Autoayuda: “Primero, trata de ser algo, cualquier cosa pero otra cosa. Estrella de cine/astronauta. Estrella de cine/misionera. Estrella de cine/maestra jardinera. Presidente del mundo. Es mejor si fracasas cuando eres joven –digamos, a los catorce–”. Pero no lo hago porque no es eso lo que verdaderamente pienso y porque, en el fondo, dar consejos es oficio de soberbios. Entonces, cuando me preguntan, digo no, ninguno, nada.

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