prensa

Por Alexis Socco | @detectivesco

En el periodismo, los agentes de prensa (también conocidos en la jerga como ‘prenseros’) son un mal necesario. No se enojen. Los necesitamos para que nos pauten una entrevista con la figura o el personaje en cuestión, pero hay que decirlo: muchos pecan de falta de profesionalismo. O simplemente de mal carácter.

Uno cree de antemano que los prenseros saben de horarios de cierre y de los tiempos necesarios para que la nota tenga vigencia o actualidad,  pero algunos parecen que no conocer los ritmos del periodismo. Entonces te dicen ‘hoy no, pero mañana seguro, te llamo después para ver en qué horario puede’. Cuando al día siguiente la llamada no llega, aparecen las vueltas: ‘Mirá, a la tarde se va de visita a un parque de diversiones, calculo que a las 18 volvemos, te llamo apenas lleguemos’. Y así, el día pasa y la cita jamás se concreta.

Es raro, porque siendo prenseros deberían hacer todo lo posible para convencer a su ‘cliente’ de aparecer en los medios. Los prenseros viven de las notas, pero algunos son difíciles en el trato –o no saben discernir entre su vida privada de la profesional- y hacen todo lo posible para la  entrevista no se realice.

En el ámbito político, son iguales a los propios políticos: te van a dar mi vueltas para no decirte que no, aunque ese NO ya lo tengan incorporado. Y en el mundo del espectáculo, muchos prenseros (la mayoría mujeres o personajes singularmente excéntricos) pueden llegar a comportarse con más divismo que la figura a la que prensean.

Mi humilde consejo para jóvenes periodistas: si pueden puentearlos, háganlo. Cumplan con el formalismo de pedirle la nota, pero cuando vean que lo más probable sea el naufragio, vayan directamente a buscar al personaje en cuestión.

En mi caso, por cumplir con el formalismo me perdí varias notas. Y me fue mejor cuando, después de tantas vueltas, dimes y diretes, encaré directamente. Un ejemplo fue este verano trabajando para la revista Noticias desde Mar del Plata. La misión era conseguir una nota con el gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri, que había armado un parador de su provincia en una playa, a modo de lanzamiento a su precandidatura a presidente por el Frente para la Victoria (FpV). El día de la inauguración había casi 50 medios de prensa de todo el país, gente yendo y viniendo, un escenario gigante con vallas, policías, seguridad. Un despelote, bah. Obviamente,  iba a ser complicado tener un mano a mano íntimo con el tipo, sin otra presencia alrededor. Era un sábado.

Hablé con el prensero y quedamos en hacer la nota al día siguiente ‘a la tarde’, en el hotel donde se alojaba Urribarri, aunque con previo llamado para saber puntualmente el horario. Llegó el mediodía. El prensero no atendió. Recién contestó a la tarde: ‘Mirá, no sé si va a poder hoy, por qué no lo dejamos para mañana’. El lunes había más notas agendadas y lo ideal era cerrar esa nota. ‘O sino -continuó el prensero- el martes, que por ahora tiene el día libre’. Ahí es cuando tienen que obviar al prensero, con total educación, por supuesto.

Eran las 7 de la tarde, volvíamos de otro reportaje y le dije al fotógrafo ‘vayamos al hotel donde está Urribarri a ver si lo agarramos directamente’. Llegamos, no había lugar para estacionar y el fotógrafo se quedó en el auto. Ingresé al lugar y vi al prensero. Le pedí de hacer la nota ahí mismo y le indiqué que no me iba a demorar mucho. Me contestó que Urribarri no podía, que se iba a una cena familiar. Insistí y le dije que tratara de convencerlo. En ese momento bajó por el ascensor el gobernador de Entre Ríos. Rápidamente lo encaré y me dijo, después de unos segundos: ‘Bueno, dale’. Tuve suerte, pero la suerte va acompañada. Si nos quedamos con lo que dice el prensero, estamos fritos. El fotógrafo puteó en mil colores porque ni siquiera pude avisarle que entrara. Si me iba afuera del hotel a buscarlo, seguro me perdía la nota. Era en ese momento. Por suerte Urribarri estaba de pantalones cortos y lo primero que dijo fue que no quería fotos. Acá pueden leer la nota. Era más larga, pero el espacio en los medios también es tirano y el corte siempre está incluido.    

 

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