Arbitraria, por Leila Guerriero

Arbitraria, por Leila Guerriero

¿Claves para escribir? Reacia a dar consejos, la autora hace una excepción y se arriesga a soltar esta caprichosa lista.

No tienen por qué saberlo: soy periodista y, a veces, otros periodistas me llaman para conversar. Y, a veces, me preguntan si podría dar algún consejo para colegas que recién empiezan. Y yo, cada vez, me siento tentada de citar la primera frase de un relato de la escritora estadounidense Lorrie Moore, llamado “Cómo convertirse en escritora”, incluido en su libro Autoayuda: “Primero, trata de ser algo, cualquier cosa pero otra cosa. Estrella de cine/astronauta. Estrella de cine/misionera. Estrella de cine/maestra jardinera. Presidente del mundo. Es mejor si fracasas cuando eres joven –digamos, a los catorce–”. Pero no lo hago porque no es eso lo que verdaderamente pienso y porque, en el fondo, dar consejos es oficio de soberbios. Entonces, cuando me preguntan, digo no, ninguno, nada.

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Ausencias y recuerdos de la dictadura

Ausencias y recuerdos de la dictadura

Crédito: Memoria Abierta

Por Florencia Gagliardi | @mfgagliardi

Ellos son el presente vivo de los que ya no están. Forman parte de un legado que aún, después de 36 años del golpe militar, continúan buscando justicia por sus familiares desaparecidos.

Celso Cruces fue uno de los tantos que se tragó la tierra. Todo ocurrió la noche del 27 de octubre de 1976, cuando un grupo de hombres arremetió por la fuerza en el living de su domicilio de Avellaneda, donde donde se encontraba con un compañero de militancia.

Lo que siguió fue el secuestro y luego la ausencia, ya que nunca más volvieron a tener rastros de su existencia.

“¡Se los llevaron! ¡Se los llevaron los militares!”, fue la frase que resonó los días posteriores, recuerda Norma González, prima hermana del joven desaparecido.

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Quince reflexiones sobre periodismo narrativo

Quince reflexiones sobre periodismo narrativo

Un documento pedagógico preparado por Alberto Salcedo Ramos, para su taller.

(Paciencia, paciencia).“Un cronista vive de publicar historias verificables, y el tiempo a su disposición —el que le conceden los editores de diarios y revistas— no es siempre el mismo: con suerte tres días, con cierto privilegio una semana, y con una insólita confianza, seis meses. En estos últimos dos casos, un cronista tiene más oportunidades de buscar una cosa y encontrar otra, inesperada y a veces fundamental para entender un acontecimiento. Hay una palabra en inglés para nombrarlo: serendipity. El conde de Serindipit, un legendario príncipe de Ceilán, hallaba siempre lo que no buscaba. Contra lo que suponen los reporteros de noticias, un cronista necesita, para poder explicar los fenómenos de estos tiempos, más de obrero que de príncipe (y bastante menos de escritor que de detective).

La búsqueda del azar cuesta no sólo tiempo, sino trabajo y dinero. Cuesta que editores y cronistas aprendan a esperar que suceda algo digno de contarse. Cuesta tener la fortuna de estar allí. Y cuesta organizar la impaciencia: a veces la condición imprescindible para publicar una gran historia es tan sólo aprender a esperar”. JULIO VILLANUEVA CHANG, cronista y editor peruano.

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