La higiene del mate, ese compañero lleno de bacterias

La higiene del mate, ese compañero lleno de bacterias

Es la infusión más popular entre los argentinos y nadie la pudo acusar de un brote infeccioso; no obstante, los especialistas dan algunos consejos de higiene para después de cada mateada

 El mate tal vez sea el compañero más fiel de los argentinos. Y es, por sobre todo, un certificado de confianza. En estas tierras donde se desconfía de todo, nadie duda en compartir una bombilla. Pero este hábito tan natural entre nosotros despierta las alarmas de cualquier extraño.

¿Se transmiten gérmenes? ¿De qué manera hay que limpiar el mate? ¿Cómo hay que lavar la bombilla? ¿Qué ocurre cuando se forman hongos en el interior del recipiente? Nadie quiere hacerse estas preguntas, sobre todo cuando recibe un mate de un desconocido. Está claro que la infusión no desató ninguna epidemia, pero tal vez sea hora de averiguar las respuestas.

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Pintadas políticas, las historias detrás del cacerolazo

Pintadas políticas, las historias detrás del cacerolazo

Manifestantes anónimos relatan cómo se expresan a través de esténciles con consignas variadas en toda la ciudad; las redes sociales los unen en la lucha por una causa en común

A las doce de la noche de un día viernes, cuatro horas después de atender a su último paciente, una doctora sale de su consultorio y con lo último que le queda de voluntad, se encuentra con otra mujer en el barrio de Caballito. Ambas llevan consigo dos bolsas con aerosoles, guantes y radiografías recortadas con distintas consignas. Una vez juntas, caminan algunas cuadras y se detienen en una esquina. Ya apostadas allí, advierten que no haya gente al pasar y en cuestión de segundos estampan sobre una rampa peatonal un esténcil que dice: “El 18 de abril a la plaza, basta”.

Mientras pintan, hablan de su vida. Julieta, la doctora, que se resguarda con unos guantes para no ensuciarse, dice que hay días en los que sale a las cinco de la mañana para pintar, antes de ir al hospital. En el cruce de una avenida, una joven de no más de veinte años consulta desorientada adónde queda una calle. Mónica, la otra mujer, esconde su mano, en la que sostiene un aerosol y amablemente contesta la pregunta. De a ratos circula alguna persona y sólo por momentos el tránsito se vuelve más acaudalado. “Esto es una forma de expresarse, de hacer algo -dice con la mirada encendida- de no quedarse con los brazos cruzados”.

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¿Se pueden comer los frutos de los árboles de la ciudad?

¿Se pueden comer los frutos de los árboles de la ciudad?

En Buenos Aires hay 1283 árboles de palta; también hay nísperos, limoneros, moras, naranjos agrios, olivos y naranjos dulces, entre otros; algunos vecinos los consumen sin conocer los riesgos; la experiencia personal de la cronista

Donde funcionó algún vez el legendario Ital Park, hoy hay un parque algo desolado. El lugar es así: mucho verde recubierto por árboles y en el centro algunos juegos. El recreo está emplazado entre las avenidas del Libertador y Callao y lleva el apellido de quien fue uno de los mayores artífices en el rediseño de plazas públicas: el paisajista francés Carlos Thays.

En esa extensión de tierra limítrofe entre el barrio de Retiro y Recoleta, hay plantados al menos quince árboles frutales de naranjo amargo. Un señor que dice visitar con frecuencia el parque relata que, de vez en cuando, ve cómo la gente recoge la fruta de los árboles que hay allí. Un poco más a lo lejos tres nenes sorprendidos de ver los naranjos a su alcance, arrancan algunos y tímidamente se los guardan.

En el barrio de Belgrano, en el cruce de las calles de Olleros y Tres de Febrero, la escena es algo similar. En esa calle apodada como la “cuadra de las naranjas”, hay instalados al menos ocho árboles frutales que contrastan con las construcciones de edificios más nuevos y que por lo que indican vecinos del barrio, fueron plantados por la municipalidad en los años 80.

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Cuando reciclar tecnología se convierte en arte

Cuando reciclar tecnología se convierte en arte

El Club del Jaqueo recoge juguetes y equipos viejos, y reformula esa chatarra para crear nuevos objetos electrónicos con un fin lúdico 

Videocaseteras, monitores y restos de computadoras e impresoras son algunos de los aparatos que se acopian en los armarios de una habitación de la vieja Casa Abasto, situada en el barrio de Once. Allí, en ese espacio que desde hace quince años funciona como sede de distintas iniciativas sociales, surgió hace tres meses el Club del Jaqueo (sic).

Se trata de un grupo de jóvenes de entre veinte y treinta años que intenta darle una segunda oportunidad a aquellos artefactos electrónicos que hoy en día son rotulados como obsoletos; y lo hacen a partir de la convergencia de dos procesos: el reciclado y la creatividad, transformando lo que es antiguo en nuevo.

Jorge Crowe es uno de sus promotores. Tiene 35 años y una vasta carrera en el mundo del arte y la electrónica. Es licenciado en artes plásticas y también docente. Desde hace cinco años viene trabajando con distintas aplicaciones creativas de la tecnología abierta, en un espacio que él creó y llamó el Laboratorio del Juguete. 

El Club del Jaqueo está inspirado en una movida global que se conoce como Hackerspaces. Es decir, espacios que integran personas que provienen de distintas áreas y que se reúnen con el objetivo de trabajar sus proyectos en conjunto, en una estructura de tipo horizontal.

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Ausencias y recuerdos de la dictadura

Ausencias y recuerdos de la dictadura

Crédito: Memoria Abierta

Por Florencia Gagliardi | @mfgagliardi

Ellos son el presente vivo de los que ya no están. Forman parte de un legado que aún, después de 36 años del golpe militar, continúan buscando justicia por sus familiares desaparecidos.

Celso Cruces fue uno de los tantos que se tragó la tierra. Todo ocurrió la noche del 27 de octubre de 1976, cuando un grupo de hombres arremetió por la fuerza en el living de su domicilio de Avellaneda, donde donde se encontraba con un compañero de militancia.

Lo que siguió fue el secuestro y luego la ausencia, ya que nunca más volvieron a tener rastros de su existencia.

“¡Se los llevaron! ¡Se los llevaron los militares!”, fue la frase que resonó los días posteriores, recuerda Norma González, prima hermana del joven desaparecido.

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Quince reflexiones sobre periodismo narrativo

Quince reflexiones sobre periodismo narrativo

Un documento pedagógico preparado por Alberto Salcedo Ramos, para su taller.

(Paciencia, paciencia).“Un cronista vive de publicar historias verificables, y el tiempo a su disposición —el que le conceden los editores de diarios y revistas— no es siempre el mismo: con suerte tres días, con cierto privilegio una semana, y con una insólita confianza, seis meses. En estos últimos dos casos, un cronista tiene más oportunidades de buscar una cosa y encontrar otra, inesperada y a veces fundamental para entender un acontecimiento. Hay una palabra en inglés para nombrarlo: serendipity. El conde de Serindipit, un legendario príncipe de Ceilán, hallaba siempre lo que no buscaba. Contra lo que suponen los reporteros de noticias, un cronista necesita, para poder explicar los fenómenos de estos tiempos, más de obrero que de príncipe (y bastante menos de escritor que de detective).

La búsqueda del azar cuesta no sólo tiempo, sino trabajo y dinero. Cuesta que editores y cronistas aprendan a esperar que suceda algo digno de contarse. Cuesta tener la fortuna de estar allí. Y cuesta organizar la impaciencia: a veces la condición imprescindible para publicar una gran historia es tan sólo aprender a esperar”. JULIO VILLANUEVA CHANG, cronista y editor peruano.

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