avion

Por Florencia Gagliardi | @mfgagliardi

Despegamos 6.55. Es un día del sol, un día lindo, un día ideal para viajar por primera vez en avión. Sí, es mi primera vez. No sé cuántas veces soñé con este momento. Y ahora estoy acá, en uno de esos aparatos que están diseñados perfectamente para viajar en el aire. Tengo los oídos tapados y más miedo del que alguna vez pensé que iba a tener. Cerré los ojos en el despegue porque estaba aterrorizada. Acá parece que soy la única primeriza. Me gustaría tener a alguien con quien hablar, pero no, estoy sola.

Después de unos minutos miro por la ventanilla. Desde el aire todo se ve maravilloso. Los colores en el cielo se entretejen casi a la perfección. Por mi ventana se ven surcos en la tierra que se mezclan como piezas de un rompecabezas que está cruzado por líneas en círculos, rectángulos y otras formas.

El sol entra por una abertura similar a un diafragma a medio abrir. Por momentos siento cosquillas en la panza producto de los movimientos del avión. La gente de al lado duerme, pero yo estoy más despierta que nunca. Mi compañero está inmune a todo. Incluso a los vaivenes del aire.

Ni siquiera me animé a prender el celular. Ya revisé dos veces el folleto donde están todas las instrucciones de emergencia. Y recé casi 20 avemarías. Les juro que no exagero. Soy primeriza. Y además de eso ya les dije: viajo sola.

A lo alto de la tierra hay rectángulos que emparchan el suelo y nubes de algodones que flotan en el cielo. Las alas del avión se mueven, vuelvo a mirar por la ventana y me mareo. De nuevo siento terror. Pero me calmo. Cuando me quiero acordar del susto, de los nervios, ya es tarde. La azafata anuncia que el avión va a aterrizar.

Habla por el alto parlante con suavidad y agradece a los pasajeros por viajar en esa línea aérea. Repite dos veces lo siguiente: que por favor todos apaguen el celular y abrochen sus cinturones. Después lo hace el capitán, que da algunas instrucciones y se despide. Una vez en español y otra en inglés. Me ajusto el cinturón y cierro los ojos. Respiro una vez y después otra. Luego me acomodo en mi asiento y empiezo a pensar en mi próximo destino.

 

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