La siguiente es la trascripción de la entrevista que le realizó el periodista Jorge Lanata al monje budista francés Matthieu Ricard para 26 personas para salvar el mundo.

44736_matthieu-ricard_440x260– ¿Se es más feliz cuanto menos se necesita?

– Creo que la simplicidad es algo maravilloso. La simplicidad al hablar, la simplicidad al actuar. La mente, la inteligencia, pueden ser tu mejor amigo y tu peor enemigo. 

La gente a veces se complica mucho, la esperanza, los miedos, la nostalgia nos crean muchos problemas. No significa que uno sea estúpido, significa que uno construye sus propios problemas. Una vida simple nace de un corazón simple.

Creo que en los últimos veinte años se volvió más y más claro  cómo  nuestro estado mental puede influenciar nuestro estado físico. Hace más de diez años he estado involucrado en investigaciones neurocientíficas que estudian la influencia de la meditación sobre el cuerpo. Por ejemplo, la meditación sobre el amor altruista  ha demostrado un incremento en el sistema inmune, ha disminuido la inflamación.

Entrenar la mente genera beneficios para el cuerpo. Al comienzo la mente es como un mono salvaje, nunca se detiene, siempre salta. Y muy lentamente se vuelve más  calma, todo aparece de forma más clara, vivida, no es algo desanimado, sino más claro, no oscila por todos los temas todo el tiempo, se vuelve como el cielo. Y puedes cultivar compasión, puedes hacer crecer el amor altruista, puedes enfocar tu atención, tu entendimiento. Es un proceso para obtener estabilidad y mayor claridad.

En un ambiente budista o en un ambiente oriental creo que la gente vive en sociedades menos individualistas tiene menos espacio para el resentimiento. Las comunidades, las aldeas, están basadas en la estructura familiar, de grandes familias y en estructuras de cooperación en la aldea. Por lo tanto hay menos espacio para que la gente individualista se vuelva muy poderosa y para que otras personas individualistas sientan celos y resentimiento.

La cultura budista posee esta creencia de que todos los seres vivos sin iguales y que deberíamos cultivar compasión. Por lo tanto no es que sea pasiva, sino que posee un mejor entendimiento de una sociedad menos individualista. Y el otro punto es que hay una mayor apreciación de los valores internos.

Las personas más respetadas aquí no son las más ricas, sino las más sabias: los maestros espirituales. No sientes celos de ellos, sino que quieres ser como ellos.

Si ves a una persona muy rica sientes celos porque no puedes obtener esa riqueza. Pero si ves a un maestro espiritual estás inspirado, sigues sus enseñanzas, y con el tiempo te puedes volver como él. Entonces en lugar de sentir celos, estás inspirado por esa persona, es un proceso diferente.

– ¿Qué cosas tiene?

– Mis cosas son las que me traen alegría: ocuparme de 20.000 niños a través de proyectos humanitarios, poder ayudar a 100.000 pacientes en nuestras clínicas. Y además de eso tengo un par de zapatos y otro para el interior. No tengo casa, no tengo tierras. Tengo un pequeño cuarto aquí, por supuesto soy bienvenido.

Tengo una pequeña ermita en la montaña que pertenece al monasterio. ¡Soy libre!

– ¿Cuándo dejó su carrera para venir a estudiar budismo, con qué pensó que se iba a encontrar?

– En un principio fue a la India, a Darjeeling. Había visto documentales sobre los grandes maestros espirituales que habían huido de la invasión china del Tíbet. Estaba tan impresionado que pensé: “debo ir y conocer a estos maestros”.  No lo sabía aún, sólo lo hacía por pura curiosidad, pero luego de conocerlos me di cuenta que ellos eran personas realmente extraordinarias. Entonces fui y volví y luego de seis años terminé mi doctorado y decidí irme a vivir allí.

– ¿Qué fue lo que lo decidió?

– En un principio fue el encuentro con esas personas  asombrosas. Había algo en ellos, algo muy difícil de describir, relacionado con la sabiduría, la compasión, la serenidad, la paz interior. Ellos eran el ejemplo de lo que enseñaban.

– Uno diría que la religión y la ciencia se pelean…

– El budismo es la ciencia de la mente. No es una religión donde sólo hay dogmas de fe o donde debes creer en algo que no entiendes. Se trata básicamente de transformarse a uno mismo con el objetivo de lograr un despertar.

– ¿Qué pasa con el mal?

– El mal es tan sólo una toxina mental, un veneno en la mente: el odio, la agresión, el orgullo, la soberbia, ese es el verdadero mal. No hay mal mayor que aferrarse a lo propio y despreciar a los otros, no tener ninguna consideración por el sufrimiento o la felicidad de los demás. No es algo que está afuera con cuernos, no existe nada así.  Está adentro de uno mismo, el odio es el mal definitivo.

– ¿A qué le teme?

 – A la ignorancia, al odio. Tendría mucho miedo si el odio se adueña de mi mente.

– ¿Qué cree que sucede después de la muerte?

– De acuerdo al budismo el curso de la consciencia continúa. Por lo tanto habrá diferentes estados de consciencia después de la muerte. Pero el concepto de la muerte es muy importante para no desperdiciar ningún momento de la vida. Porque si lo olvidas dices: “puedo hacer eso más tarde, aquello otro después”. Y entonces la vida se desvanece. Pero si pensamos que la muerte puede aparecer en cualquier momento, cada momento que pasa se vuelve muy valioso.

Cada momento de nuestra vida debe ser vivido de la mejor forma posible, así no tendremos nada que lamentar.

Cada ser vivo, no sólo el hombre, quiere ser feliz, no desea sufrir.

Nadie en este mundo se despierta a la mañana pensando: “espero sufrir todo el día y si fuera posible toda mi vida”. No sólo necesitamos alcanzar la felicidad, sino que debemos contribuir a la felicidad de los otros. La felicidad egoísta no funciona.

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