ofi-2Es un viernes caluroso de octubre. Las calles céntricas atardecen transitadas por un sinfín de personas que en un instante fugaz desaparecen. A pocas cuadras se encuentra la Plaza de Mayo, principal puntapié de la vida histórica y política del país. A 35 años de un pasado no tan lejano están los que todavía esperan ser encontrados. Se trata de una generación entera de niños y bebés despojados de aquello que les era propio y otros ignoraron por completo: su identidad.

Juan Cabandié, el nieto recuperado Nº 77 , fue uno de ellos hasta que en el año 2004, a raíz de varias sospechas, se acercó a Abuelas de Plaza de Mayo para averiguar aquello que tanto ansiaba saber: ¿era o no hijo de desaparecidos?

– ¿Cuáles fueron los motivos que te llevaron a dudar de tu identidad?

No me sentía parte de mi familia. En un momento se me ocurrió ir a buscar fotos mías de recién nacido y no las encontré. El hombre que me apropió tenía un maltrato hacia mí muy explícito, psicológico y físico, y yo no encontraba respuesta a cómo un padre podía tratar así a su hijo. Eso me ayudó a preguntarme si en verdad era o no hijo de él.

– ¿Cómo fue ese proceso?

En principio fue en soledad, hasta que un día cuando estaba preparando un final para la facultad, hablando con otros compañeros, empezamos a contar nuestras historias; llegó mi turno y conté lo que había sido mi vida, con un padre maltratador y una mujer que había sido “domesticada” por él. Empecé a contar que no lo veía desde los 19 años (en ese momento tenía 23), y el relato terminó esbozando esa hipótesis. Tiré una pregunta al aire diciendo: “Bueno quizás yo soy hijo de desaparecidos”

– ¿Qué hiciste después de aquel día?

Primero me acerqué a un amigo que sabía que había estado un tiempo en Hijos, le fui a plantear mis dudas y él me sugirió que hable con la mujer que decía ser mi madre. Pero previamente me acerqué a Abuelas. Antes de hacerme el análisis, la mujer me llamó y me dijo que yo no era su hijo biológico, y que tampoco sabía cuál era mi origen, pero que estaba dispuesta a ayudarme a encontrar a mi familia.

– ¿Cómo fue el momento en el que enteraste que eras hijo de desaparecidos?

Fue una tarde del 26 de enero del 2004. Estaba caminando por Plaza de Mayo y recibí el llamado de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI). Me dijeron que querían conversar conmigo, pero no quisieron adelantarme mucho. Luego de acercarme me contaron los resultados y ahí me enteré que mi mamá se llamaba Alicia, mi papá Damián, que me habían puesto Juan y que había nacido en la ESMA. Ese mismo día me acerqué a Abuelas y conocí a mi familia biológica. Fue uno de los momentos más importantes de mi vida y quedará guardado por siempre en mi memoria.

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La Legislatura, en donde actualmente Juan desempeña un cargo como diputado, está ubicada en la calle Perú. Su sede se emplaza entre las calles Hipólito Yrigoyen y Diagonal Julio A. Roca, formando un triángulo de gran longitud. Por dentro se encuentra revestida por un sinnúmero de recintos que albergan a los distintos representantes de cada partido. Uno de ellos es el que refiere al Frente para la Victoria. Detrás de la puerta principal, hay una pequeña sala. Al fondo se ubica la oficina de Juan. Sus paredes están repletas de fotos: en el frente un retrato de Abuelas, y en los laterales Perón y Evita, el ex presidente fallecido Néstor Kirchner y un poco más lejos una foto de su padre y su madre, él en medio de los dos.

– ¿Cómo se conocieron tus papás?

En un club del barrio de Colegiales. Mi mamá jugaba al Voley, era federada. Mi viejo era el más militante. Iba al club con sus compañeros y hacían política.

– ¿A qué sector pertenecía?

Montoneros.

– ¿Qué datos conocés acerca de lo que fue su militancia?

Mi mamá primero estuvo en la UES. Después cuando lo conoció a mi papá pasó a ser parte de la militancia. Ellos tenían un trabajo político y social en la Villa General Mitre, también en Colegiales. Sé que hacían pintadas y esas cosas, pero no tengo certeza de que hayan participado en algún hecho armado.

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Hasta donde sabe, sus padres fueron aprehendidos en su domicilio de Congreso, en donde ambos transcurrían sus días en la clandestinidad. Según el relato de algunos vecinos, la detención de Alicia se produjo cuando ésta regresaba de hacer las compras. Lo primero que se escuchó fueron golpes de vidrios, seguidos por gritos y luego de un instante, un silencio desgarrador. Era el secuestro acompañado por la ausencia y el dolor, que en este caso se duplicaría. Allí en ese vientre materno estaba gestándose hacía cinco meses la vida de Juan, preso de un futuro que no tardaría en llegar.

– ¿Qué pudiste saber de tu nacimiento?

Mi mamá me tuvo en soledad porque ella estaba separada de mi papá.
Primero la llevaron al centro de detención “Club Atlético” que era de la Policía Federal. Eso explica porqué yo soy apropiado por un miembro de esa fuerza. Luego después de un tiempo la trasladaron a la ESMA.
Nosotros éramos como un botín de guerra…

– ¿Cómo era la relación con tu hermana? ¿Seguís manteniendo el contacto?

Con ella la relación siempre fue muy buena. Siempre tuvimos mucho amor y fuimos compañeros. Con mi hermana sí. Con la mujer que me crió tengo una relación de poca frecuencia, nos vemos poco.

– ¿Qué recuerdos tenés de tu infancia?

Recuerdo una infancia triste. Era un chico muy solitario, introvertido y tímido. Un niño golpeado… Hubo momentos de alegría, pero no abundaban.

– ¿En estos años volviste a ver a tu apropiador?

No, no lo veo desde que tengo 19 años.
Ahora él está cumpliendo prisión.

– ¿En qué cambió tu vida después de que te enteraste la verdad sobre tu origen?

Hay un antes y un después. Conocer mi identidad hizo que yo afirmara mi personalidad. Eso me dio seguridad y confianza.

– ¿Cómo fue que empezaste a tener una participación más activa en la política?

Al poco tiempo de enterarme la verdad sobre mi identidad, Néstor decide firmar un convenio con la Ciudad de Buenos Aires para que la ESMA pase a ser un lugar para la memoria.
En el acto del 24 de marzo se hace el anuncio. En ese acto me invitan a ser uno de los oradores. Ahí conocí a Alicia Kirchner. A las 2 semanas recibí un llamado de parte de ella para trabajar en el Ministerio de Desarrollo Social.
En ese momento conocí a distintos actores políticos, y así fue como empecé a militar activamente en la política.

– ¿Por qué decidiste ser parte de este proyecto político?

Porque sentía que no alcanzaba solamente con la política de Derechos Humanos. Que estaba muy bien, pero que además este proyecto nos convocaba a hacer en la Argentina lo mismo que soñó la generación de los desaparecidos.

Esta nota fue escrita a mediados del 2012.

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