Diario de viaje

Instantes de libertad

Corro para desahogarme, a veces con la cabeza atestada de preguntas. Corro para hablar conmigo misma cuando no puedo hablar con nadie. Corro para respirar profundo, cuando no sé exactamente qué camino tomar. Corro también porque es una forma de alivianarme y a veces, hasta de encontrar respuestas. Corro porque me siento más libre.

Por eso hoy, miércoles 6 de noviembre, una vez más, corro. O al menos, lo intento. Lo hago por primera vez después de muchos meses de no correr. Y mientras empiezo a intentarlo, despacio y estirando los músculos bastante fuera de estado, pienso en muchas cosas. Camino por unas calles de asfalto, entre árboles ya algo descascarados por la llegada del otoño. Y mientras camino, despacio y estirando los músculos bastante fuera de estado, me digo a mi misma que tal vez no pueda resistir demasiado.

Tengo miedo de agitarme rápido, de quedarme sin respiración. Entonces me concentro con obstinación y empiezo a intentar correr. Respiro por la boca y contengo todo el aire que puedo. Me focalizo en la respiración, en controlar el aire que inhalo y exhalo. Sé que si lo hago, puedo quedarme rápido sin oxígeno y tener que detenerme. No quiero detenerme.

Doblo a un costado de un camino y bordeo un viñedo, mientras siento como una llovizna suave me roza la cara entre un viento seco y frío. Pienso en silencio y en completa soledad que la llovizna es sólo una nube, que no hay razón para detenerme. Para volver atrás. A los lejos, hay campos con tierra arada donde lentamente la siembra, la cosecha, o eso que no sé en realidad qué es, empieza a crecer. De repente miro el camino y casi sin darme cuenta, estoy corriendo. Cierro los ojos y respiro profundo, después corro un poco más rápido. Si la libertad se midiera en instantes, yo podría decir que ahora me siento un poco más libre

Porque ahora no pienso casi en nada y solamente corro, en Módena, Italia, por primera vez, un miércoles 6 de noviembre, controlando el ritmo y la respiración -para no quedarme sin aire- mientras contemplo el horizonte y me sorprendo de lo que veo. La simpleza de un día de otoño. El cielo encendido por un sol que cobra vida después de la lluvia, el verde más verde de algunos árboles, las hojas acariciando el aire empujadas por el viento.

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