Diario de viaje

Existir de otra manera

Todos necesitamos algo que nos encienda. Un fuego que nos queme y nos impulse a entrar en movimiento. Todos necesitamos sentirnos vivos. Escribo estas líneas el sábado 9 de mayo de 2020. Las escribo después de escuchar la historia de Lauro, un hombre que vino a arreglar el techo del baño del departamento donde vivo desde que llegué a Módena, Italia, hace ocho meses atrás. Las escribo también tres días después de reencontrarme con mi hermano, al que no veía desde hace dos meses, porque había quedado varado en Roma por la cuarentena y por eso no nos habíamos podido volver a ver.

Son exactamente las 8:51 del día lunes. Afuera se escucha el trajín de los autos que pasan uno tras otro en fila por la calle que conduce al centro de la ciudad. Durante la cuarentena todo se había vuelvo un poco extraño, un poco apagado, y esa normalidad, ese rugir particular, había desaparecido. No había más que silencio. Ahora veo los autos, escucho el sonido, y aunque pueda parecer extraño, me gusta. Los ruidos de los autos hablan para mí de la vida abriéndose camino. De la vida volviendo a su cauce –que tal vez no sea el mismo que hasta hace dos meses atrás– pero es cauce. Es movimiento hacia algo.

Lo mismo pienso cuando observo a los ciclistas. Ayer le dije a mi hermano que por primera vez desde que estoy en Módena me sorprendía ver a tantas personas en bicicleta. Me sorprende porque, a diferencia de otras veces, eran muchos los que iban y venían con sus bicis, sus mascarillas y guantes y algunos con sus cascos. No sé si es que siempre estuvieron ahí, y yo en realidad nunca los vi, o si ahora realmente los puedo ver de otra manera. Pienso en esto, en la posibilidad de mirar distinto, y recuerdo una frase de Jean Paul Sartre que leí hace algunos días atrás en las redes sociales y me hizo pensar. “Nada ha cambiado y sin embargo todo existe de otra manera”. Quizás en este tiempo nada de lo que antes podíamos ver cambió, pero simplemente ahora lo podemos percibir distinto.

Los ciclistas, el campo verde en el que el pasto está bastante crecido y parece un poco abandonado, la casa amarilla justo enfrente del departamento que siempre desde que llegué a Módena me llamó la atención, los autos que pasan como en un desfile de carrozas de fin de año. Quizás se nos despertó algo que hasta hace algún un tiempo estaba dormido o tal vez lo estuvo siempre. Pienso en la cuarentena, en los dos meses que pasamos en transición, un poco en silencio, sin saber en qué se podían transformar las cosas, y me digo a mí misma que quizás ahora todo cobre otro sentido. Que quizás ahora todo exista de otra manera.

Todos necesitamos algo que nos encienda. Algo que nos llame. Un fuego que nos queme y nos impulse a entrar en movimiento. Hasta hace ocho meses atrás vivía, como muchos viven toda su vida, en piloto automático. Mi rutina se había convertido en algo poco extraordinario. Tenía un trabajo de periodista con el que había soñado y que al principio me había generado una dosis inmensa de satisfacción, un sueldo que me permitía un confort demasiado bueno para alguien de 29 años, la posibilidad de vivir sola en un departamento que había alquilado y amueblado con esfuerzo, pero sin embargo algo en mí se había apagado. Mi vida se había vuelto un mar calmo y necesitaba romper con esa cotidianidad que se había convertido en meseta y que ya no me despertaba suficientes latidos. Así fue como llegué a Italia. La búsqueda de mi historia familiar fue, en parte, un motor que sirvió de impulso.

Hay una frase que dice que los cambios siempre vienen acompañados de una fuerte sacudida, que no significa el fin del mundo, sino el inicio de uno nuevo. Salir de la cuarentena es conectarnos con la vida, conectarnos con la capacidad de mirar con ojos distintos, con la posibilidad de empezar una nueva normalidad. Para mí, además, salir de la cuarentena significa un doble comienzo. Y es curioso porque ahora de verdad todo empieza. Pienso en los días que siguen, después del confinamiento, y me da un poco de incertidumbre y vértigo. Es inevitable no sentirnos un poco perdidos y con miedo después de algo así de turbulento. Pero también es inevitable, al menos para mí, no pensar que este momento universal es una oportunidad y un desafío. Empezar la vida de nuevo es volver a la acción, conectarnos con el movimiento, decidir qué camino vamos a elegir y los ojos con los que vamos a mirar las cosas que hasta entonces no nos llamaban demasiado la atención.

Ahora que sabemos que cuando los cambios te sacuden fuerte, no queda otra opción que respirar profundo y dejar que el tsunami pase. Ahora que sabemos que de repente y en un instante –el instante normal, en palabras de la escritora estadounidense Joan Didion– todo se puede transformar. Ahora que nos parece extraño eso que hasta hace algún tiempo no nos generaba ni la más mínima reacción. Y hasta incluso, nos gusta. Ahora que muchos pudimos apagar el piloto automático con el que vivíamos nuestras vidas y gracias a ello nos volvimos un poco más conscientes. Y ahora también que, después de todo, tenemos la posibilidad de conectarnos con el fuego para encendernos y entrar en movimiento. Ahora que podemos sentirnos más vivos y existir de otra manera.

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mfgagliardi

Estudié la Licenciatura en Comunicación Periodística en la Universidad Católica Argentina. En tercer año de la carrera empecé una pasantía en el diario La Nación que me permitió conocer el mundo del periodismo gráfico por dentro y adquirir nuevas herramientas para la producción y edición de noticias en el sitio digital lanacion.com.ar.

A los 24 años ingresé como redactora y editora del portal económico iProfesional, donde realicé producciones de notas vinculadas a temas económicos y políticos. Allí trabajé durante un año y luego me convocaron como redactora digital del canal de televisión de noticias Telefe, donde me desempeñé desde el 2015 hasta marzo de 2020 como redactora en la página www.telefenoticias.com.ar.

En el 2016 hice una especialización en Periodismo Narrativo en la Fundación Tomás Eloy Martínez, a cargo de la cronista Leila Guerriero y en el 2018 participé como adjunta de cátedra de la materia "Técnicas de Redacción para Medios Digitales", en la Escuela de Comunicación ETER.

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