Tres años atrás y un texto que tiene vigencia siempre. 

duela

Hay que dejar que duela. Que duela fuerte. Que duela como nunca imaginaste que podía doler. Hay que resistir. Volverse un maestro en el arte de la resistencia. Hay que aguantar, siempre aguantar. Inhalar y exhalar. Muy fuerte, muy hondo. Como si fuera la última bocanada de aire que quedara por respirar. Hay que llorar hasta la última lágrima, hasta que de tanto llorar lo próximo sea el alivio. Hay que soltar. Aprender a soltar. Primero de a poco, despegando cada recuerdo de la memoria y el corazón, y después un poco más fuerte, un poco más rápido, hasta que sientas que ya lo soltaste del todo. Hasta que sientas que eso que te hacía doler ya no está, que eso que te hacía doler ya se fue. Hay que aceptar. Siempre aceptar. Que aunque duela, se aguanta. Que aunque cueste, se resiste. Hay que dejar que duela. Que duela fuerte. Que duela como nunca imaginaste que podía doler. Con cada parte del cuerpo y el alma. Hasta que sientas que ya no duele. Que ya no duele en absoluto.

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