Por Florencia Gagliardi | @mfgagliardi

Perdí mi documento hace un par de días. No sé exactamente cuándo. Pero me enteré tarde, cuando lo quise buscar en la billetera y no estaba. Revisé una vez, revisé dos y nada. Lo primero que pensé fue que podía estar en alguna cartera, en alguna campera, o en algún recoveco tirado, solo y perdido. O incluso -pensé- podía estar escondido en algún libro. Por eso busqué un poco más. Di vuelta todo. Absolutamente todo. Y después me di por vencida. No estaba. No sé cuándo fue que me volví tan despistada. Hace un tiempo, quizás no mucho, el psicólogo me dijo que tenía que hacer “algunos ajustes” porque siempre hay cositas por “mejorar”. Y yo le dije que sí, que tenía razón, que estaba bien. Que había que “ajustar”. Y mientras decía la palabra “ajuste”, haciendo énfasis en la jota, me acordé de mi viejo, que siempre nos insistió a mí y a mis hermanos con la “organización” y el “orden” y todas esas cosas que ahora cobran más sentido.

Leer más