Por Florencia Gagliardi | @mfgagliardi

Uso anteojos desde los cinco o seis años. Todavía no sé pero por algún motivo mi mamá decidió guardar los primeros anteojitos bien chiquitos que tuve. Y yo todavía los conservo. Eran rosas. Como los de ahora. Pero más redonditos. Así como se ven. Yo era mini, muy mini, pero me acuerdo muy bien estar sentada en el sillón marrón oscuro del oculista, en Caballito, y escucharlo decir que me iba a tener que recetar anteojos o anteojitos. Porque yo era mini, muy mini. Y también me acuerdo de la cara de alivio de mi hermano cuando salió del consultorio de paredes amarillas ahí en Caballito más contento que yo porque él sí veía bien. Él no tenía que usar anteojitos.

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