Por Florencia Gagliardi | @mfgagliardi

Es una tarde de primavera de octubre de 2014. Juan está en su casa del barrio porteño de Belgrano cuando advierte en su axila izquierda algo circular y abultado. Juan palpa una vez, palpa dos y palpa tres. Pero prefiere no pensar y espera. Juan piensa, en cambio, en correr. En las siguientes horas de esa primavera de octubre viajará a Bariloche, correrá una maratón y regresará a Buenos Aires. Y en los siguientes días Juan volverá a palpar en su axila izquierda y advertirá de nuevo algo circular y abultado, pero esta vez un poco más grande. Pasarán 180 días en total hasta que Juan sepa con certeza luego de una biopsia y una batería ardua de análisis y radiografías que ese algo circular, abultado y esta vez un poco más grande en su axila izquierda no es una anomalía más. Se trata de un linfoma de Hodgkin, o como él y su mujer Lorena decidieron llamarlo: un Linfomita.

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